Emilio
Suárez Trashorras declaró ante el juez que él había
visto gran cantidad de explosivos en el maletero de un
coche aparcado en la Travesía de la Vidriera de Avilés
en la madrugada del 29 de febrero de 2004. Jamal
Ahmidan y otros dos marroquíes, que se suicidaron en
un piso de Leganés junto al resto de los autores
materiales de la masacre del 11-M, habían viajado
desde Madrid en ése y en otro vehículo.
Según la versión oficial de los hechos, fue
Trashorras quien robó esos explosivos en una mina
asturiana, Mina Conchita, en la que había trabajado
intermitentemente hasta diciembre de 2002. Fue él, a
su vez, quien proporcionó dichos explosivos a los
marroquíes.
Por eso, está
considerado como uno de los principales implicados en
la matanza y la fiscal pide para él una condena de más
de 3.000 años.
Desde el primer momento
se filtró a los medios de comunicación un dato
inquietante. Emilio Suárez Trashorras era confidente
del inspector responsable de estupefacientes en la
Comisaría de Avilés, Manuel García Rodríguez,
Manolón.
La declaración de un
menor, al que llamaban El Gitanillo, vecino y amigo de
Trashorras, fue definitiva para incriminarle. Dijo
ante el juez que Emilio había acompañado a los
marroquíes hasta la mina en la tarde del 28 de
febrero para indicarles dónde podían recoger los
explosivos, además de tornillos y clavos.
También contó que había
hecho un viaje a Madrid en autobús de línea para
llevar una bolsa muy pesada en la que, según le había
dicho otro joven del barrio, Iván Granados, había
transportado explosivos para los marroquíes por
encargo de Trashorras. En concreto fueron tres los
viajes de los muchachos, que aceptaron llevar ese tipo
de bolsas a Madrid, en enero y febrero de 2004, en
autobuses de línea.
Suárez Trashorras, al
que detuvieron tan sólo seis días después del 11-M,
quiso rectificar ante el juez su primera declaración.
Contó que él no había visto explosivos aquella
noche, que lo que transportaron en autobuses a Madrid
fue droga y que todo lo que dijo en su primera versión
era por encargo de la Policía, para la que trabajaba
desde el 2001. Ya no le creyeron.
Emilio confesó, inútilmente,
que su primera versión la hizo convencido de que
formaba parte de un programa de testigos protegidos y
de que iba a obtener beneficios del pacto con la Policía
para implicar a Jamal Ahmidan. Cuando pasaron las
primeras semanas en prisión se dio cuenta, según
asegura ahora, de que ese pacto no iba a cumplirse. Le
habían utilizado, engañado y traicionado.
SILENCIO ROTO
Ahora ha roto
definitivamente el silencio para contar su versión de
lo que sucedió realmente. Lanza acusaciones gravísimas
contra las Fuerzas de Seguridad. Dice que quisieron
comprarle con un piso, con dinero y con inmunidad para
la operación Pípol, un asunto de tráfico de drogas
en el que se había visto implicado junto a su cuñado
Antonio Toro. Además le habían prometido, siempre
según su versión, que no le imputarían ningún
cargo en relación con el 11-M y que él y su familia
entrarían en el programa de protección de testigos.
En sus declaraciones,
asegura que se infiltró en la banda de Jamal Ahmidan
por indicación de la Policía. Que informó de cada
detalle de su relación con los marroquíes y que
proporcionó todos los datos para que pudieran ser
detenidos. Insiste en que se ofreció para facilitar
la captura de Jamal, para ir con un coche lanzadera en
la famosa caravana del 29 de febrero, y en que reveló
a la Policía, mucho antes del 11-M, el domicilio que
tenía Jamal en Morata de Tajuña.
Ésta es la primera
parte de la entrevista, obtenida por EL MUNDO en
rigurosa exclusiva.
Pregunta.- Usted ahora
se considera una víctima. ¿Por qué?
Respuesta.- Soy una víctima
de un golpe de Estado que se ha tratado de encubrir
detrás de las responsabilidades de un grupo de
musulmanes y de los confidentes cuando estaba todo
perfectamente controlado por los Cuerpos de Seguridad.
Existen complicidades que el juez no está dispuesto a
descubrir. Si no, deberían estar detenidos o
imputados agentes de varios Cuerpos de Seguridad.
P.- ¿Pero entonces,
por qué le dijo usted al juez que Jamal Ahmidan
llevaba los explosivos en su coche, en la madrugada
del 29 de febrero de 2004, en Avilés?
R.- Yo le dije al juez
que Jamal Ahmidan, a quien conocía como Mowgli,
llevaba los explosivos porque así me lo pidió la
Policía desde que me trasladaron a comisaría el 17
de marzo de 2004. Me manifestaron que ya habían
hablado con el juez sobre ello y que éste estaba bajo
la dirección del Ministerio del Interior. Desde ese día
fui amenazado y coaccionado para que declarase en ese
sentido. Fui manipulado constantemente para que
declarase que Mowgli llevaba los explosivos. En mi
primera declaración tan sólo dije que los había
visto en su coche. Era una forma de contemporizar con
la versión pactada con la Policía sin implicarme.
P.- ¿Sospechó usted
de Mowgli antes de ir a comisaría?
R.- Mis sospechas de
que Mowgli tenía algo que ver con el 11-M comenzaron
en la noche del 12 de marzo cuando desde la cadena Ser
se aseguraba, con total fiabilidad, que un terrorista
suicida iba en los trenes. Yo había recibido, a
primeros de marzo, una extraña llamada de Mowgli
desde Ibiza, en la que me decía que si no nos veíamos
en este mundo nos veríamos en el cielo. Me pareció
una cosa muy rara y, por supuesto, se lo comuniqué a
Manolón, el inspector de estupefacientes de Avilés
Manuel García Rodríguez, para el que trabajaba desde
el año 2001.
Desde el día 5 de
marzo, los teléfonos de Mowgli estaban todos
apagados. Yo sabía además que a Rafá Zouhier,
Rachid Aglif y Mowgli les había explotado un
detonador mientras lo probaban. Así me lo habían
dicho ellos mismos en la reunión que tuvimos en
Carabanchel, a últimos del mes de octubre del año
2003.
Después de los
atentados del 11-M, yo seguía el tema por la radio y
la televisión. El día 13 de marzo por la mañana, el
sábado, yo le comenté todas estas cosas por teléfono
a Manolón. Por la noche vi que habían detenido a un
moro en Lavapiés, a Jamal Zougam. Yo sabía que en
ese barrio era muy conocido Mowgli y aumentaron mis
sospechas.
P.- ¿Fue usted
voluntariamente a declarar a comisaría?
R.- Fui a comisaría
confiado. Manolón me dijo que simplemente quería que
contara a otros policías que habían venido de Madrid
lo que ya le había comentado a él. Pero enseguida,
cuando comenzaron a interrogarme me di cuenta de que
era una trampa. Desde el primer momento, en la comisaría
de Avilés, empezó una negociación ofreciéndome
todo tipo de cosas para que mantuviera ante el juez
una versión que incriminara ante todo a el Tunecino y
a Jamal Zougam, el marroquí que habían detenido. Fue
más tarde cuando introdujeron a Mowgli en la versión
que querían que yo diera.
TESTIGO PROTEGIDO
P.- ¿Cómo
consiguieron convencerle?
R.- Empezaron por
ofrecerme dinero, a lo que yo les contesté que no tenía
necesidad de implicarme en un tema tan serio pues no
me faltaba el dinero. Luego me ofrecieron una
vivienda, a lo que respondí que hacía escasos años
que mis padres me habían regalado una vivienda y un
vehículo marca Mercedes. Por lo tanto, no tenía
necesidad de nada de eso.
Entonces empezaron a
decirme que yo trabajaba para ellos y que mi identidad
no sería desvelada absolutamente para nada. Que había
un programa de protección de testigos y que, por
supuesto, no se formularía ningún cargo contra mí.
También me comunicaron
que hablarían con la Fiscalía asturiana para que
retirara los cargos por la operación Pípol. Esta última
proposición era la que más me interesaba porque hacía
escasos meses que había sido procesado por ese
sumario. [El juicio saldrá en octubre próximo. Es un
caso de tráfico de drogas en Asturias en el año 2001
por el que le piden 17 años].
Más tarde, me dijeron
que desde el Ministerio del Interior habían hablado
con el juez y que estaba de acuerdo con ese pacto. La
realidad fue que, cuando llegué ante el juez, ya
estaba todo preparado por la Policía para la
fabricación del chivo expiatorio. Yo creí que era
testigo protegido.
P.- ¿Por qué pensó
usted que era testigo protegido?
R.- El juez me dijo
textualmente: «Se entiende procedente la aplicación
del sistema de protección vigente en España,
garantizado en su caso, a través del trámite
correspondiente con intervención del Ministerio
Fiscal, la protección necesaria del imputado en este
momento y de su esposa María Toro Castro». Y yo me
lo creí.
Estuve las primeras 24
horas sin saber por qué estaba allí. Se me impidió
contactar con mi abogado, el señor José Luis Suárez.
En ningún momento se me permitió llamarle. Han
violado todos mis derechos constitucionales. Me sentí
secuestrado.
Fue la Policía la que
me dijo en todo momento lo que debía decir ante el
juez y lo que debía callar. Incluso querían redactar
en la comisaría una declaración hecha a medida para
incriminar a las personas que ellos querían. Llegaron
a traer una abogada que yo rechacé. Me opuse a firmar
la diligencia, tal y como consta en el sumario.
El día en que más me
presionaron para que inculpara a Mowgli fue el 23 de
marzo de 2004, cuando pasé a disposición judicial.
Ese día fui visitado en los calabozos de comisaría
por una multitud de agentes, en diversas ocasiones,
con la única pretensión de que realizara una
declaración a su gusto en la cual implicara a Mowgli.
Hay que tener en cuenta
que durante todos los días que duraron los
interrogatorios a mí no me dieron la medicación que
debo tomar por mi enfermedad [Un cuadro de
esquizofrenia por el que le dieron la invalidez
laboral]. Declaré, como se puede comprobar por los
informes psiquiátricos que me hicieron en prisión,
presentando un cuadro delirante-alucinatorio. Desde mi
ingreso en prisión me he mantenido, como puede leerse
en los informes, con predominio de sintomatología
deficitaria, ocasionalmente con alucinaciones
auditivas y visuales, y con escasa comprensión
vivencial, de larga evolución. Eso es lo que ponen
los expertos. Durante los 10 primeros días desde mi
detención no me dieron mis medicamentos.
P.- ¿Cuál es hoy su
visión global de lo que sucedió el 11-M?
R.- El atentado del
11-M no ha sido más que una operación policial que
se descontroló y se les fue de las manos a los
Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. Ésta es la única
explicación coherente, a no ser que existan
complicidades ocultas, al igual que ocurrió con el
GAL.
No hay explicación
alguna para que las policías de Avilés y de Oviedo
no quisieran detener a Jamal Ahmidan cuando disponían
de todos los datos de sus operaciones de narcotráfico.
Conocían el origen de la droga, su destino, sus
transportistas, tanto de Madrid hacia el norte
peninsular como a la inversa. Tanto Sergio Alvarez,
Juan Reiss como el Gitanillo (Gabriel Montoya Vidal)
[Los tres jóvenes que presuntamente transportaron
droga en bolsas en autobuses de línea regular desde
Asturias a Madrid] estaban perfectamente identificados
y controlados. Manolón conocía y controlaba cada uno
de esos viajes. También se disponía de los coches
que usaban los miembros de la banda de Mowgli y sus
matrículas. La Policía tenía en su poder mucho
antes del 11-M el Documento Nacional de Identidad con
la fotografía de Jamal Ahmidan y el nombre falso que
utilizaba en aquellas fechas.
VOTANTE DEL PP
P.- ¿Tenía usted
alguna afinidad ideológica con los terroristas islámicos?
R.- Para ser
colaborador de alguna organización terrorista hay que
tener una cierta adhesión ideológica. Salta a la
vista que no comparto ni la ideología, ni la religión,
ni la cultura con ningún musulmán.
¿Por que iba a ayudar
a los extremistas radicales musulmanes? ¿Por qué iba
a querer perjudicar al PP, el partido en el Gobierno,
cuando es sabido que yo siempre les he votado desde
que soy mayor de edad? Yo estaba de acuerdo con el envío
de tropas militares españolas a Irak. Jamás
participaría en ningún tipo de acción que
perjudicara al PP.
Se llegó a publicar
que yo había invitado a mi boda [El 14 de febrero de
2004, en Avilés] a varios de los moros implicados en
los atentados. Es totalmente falso. Se puede demostrar
repasando el vídeo y las fotos de la boda. Por
cierto, que ese material está en poder de la Policía
y aún no se lo han devuelto a mi familia.
P.- ¿Se considera
usted un confidente ocasional o algo más serio?
R.- La Policía tiene
muy claro cómo es la forma de obtener informaciones
de sus confidentes. Hay que iniciar el contacto con el
grupo a seguir. Más tarde infiltrarse, hacerse pasar
por uno de ellos, para que no le cueste la vida al
confidente.
La forma de pagar esa
información por parte de la Policía puede ser con
favores, con dinero o con pago en especies. Por
ejemplo, con droga. Nadie arriesga su vida gratis. La
información tiene un precio y no es barato.
Ha quedado demostrado a
lo largo del sumario que mi relación con Manolón iba
mucho más lejos que la de un confidente cualquiera o
una relación de simple vecindad o amistad. Es
imposible justificar las más de 50 llamadas telefónicas
[En un breve periodo de tiempo] entre ambos. Había días
en que le llamaba ocho veces. Era para pasarle
informaciones urgentes. A estas llamadas siempre le
seguían las reuniones personales.
Manolón ha declarado
que en el año 2003 se alejó de mí. Pues bien, fue
en ese año cuando más relación tuve con él. Si
alguien estaba en condiciones de hacer un perfecto
seguimiento de mis actividades era Manolón, ya que
disponía de todos los números de teléfono que yo
manejaba. Era informado puntualmente cada vez que
cambiaba uno de esos números. Sabía los coches que
conducía, ya que nos veíamos todos los días. Conocía
mi lugar de residencia. Que digan que me hicieron una
investigación es una farsa pues quien me controlaba y
me protegía no era otro que Manolón, el jefe de la
brigada de estupefacientes de Avilés.
EXPLOSIVOS
P.- ¿Proporcionó
usted explosivos en la noche del 28 de febrero de 2004
a Mowgli y sus amigos cuando fueron a Asturias?
R.- Durante el viaje de
Jamal Ahmidan, Mowgli, y dos de sus amigos a Asturias
a finales de febrero de 2004 yo no les proporcioné
explosivos, ni vi explosivos en su coche. Declaré
ante el juez que los había visto porque fue lo que me
dijo la Policía que tenía que decir. Cuando
rectifiqué más tarde ante el juez ya no me creyeron.
Es más. Desde el año
2002, fecha en que dejé la empresa Caolines de Merillés,
no he estado en las instalaciones de Mina Conchita, ni
con Mowgli ni con ninguna otra persona.
El Gitanillo ha
declarado que fue él con los tres moros, en la noche
del 28 de febrero, a las instalaciones de la mina y
que yo no les acompañaba. Nadie ha podido aportar ni
una sola prueba o vestigio de que yo me encontrara en
esas instalaciones.
Por cierto, es
llamativo que ni en los envoltorios de los cartuchos
encontrados en el piso de Leganés ni en las bolsas de
embalaje de la Goma 2 ni en los restos de explosivos
hallados no se ha encontrado ni una sola huella de
nadie relacionado con Mina Conchita. No existe ni una
sola prueba concluyente al respecto.
A mí nadie me enseñó
aquella noche dinamita, ni en el coche que llevaban
los moros ni en ningún otro lugar. Solamente observé,
cuando tenían aparcado el Volkswagen Golf en la
Travesía de la Vidriera, entre los portales 8 y 10,
en un momento en que abrieron el maletero, que
llevaban bolsas que parecían haber estado en una
obra.
P.- ¿Descargó usted
explosivos en su garaje de Travesía de la Vidriera de
Avilés?
R.- En la mañana del día
29 de febrero de 2004 no se descargó absolutamente
nada en el garaje de la Travesía de la Vidriera. En
primer lugar, porque no se introdujo ningún coche en
ese garaje. Ya le dije al juez que un vecino amigo de
mi padre coincidió con nosotros y puede certificar dónde
estaba el coche y si descargamos algo. Por esa razón,
la Guardia Civil no presenta ante el juez a tan
importante testigo. Seguro que lo tienen localizado y
que ya le han tomado declaración.
Es más. No pudimos
aparcar los coches dentro del garaje por la sencilla
razón de que yo no dispongo de plaza de garaje en ese
edificio. Se puede comprobar por la escritura. [Las
seis plazas que tiene su padre están alquiladas y
ocupadas]. En aquellas fechas tenía yo un garaje, en
otra parte. Es sencillamente imposible que ningún
coche de los moros o mío quedara aparcado en la
Travesía de la Vidriera dentro de un garaje.
Lo que tengo es un
trastero muy estrecho. Para ir a ese trastero por la
entrada peatonal hay que entrar por el portal de la
calle Marqués de Suances y no por la Travesía de la
Vidriera. Es un trastero que ha registrado durante
horas la Guardia Civil con todo tipo de medios y no ha
podido encontrar ni el menor vestigio de explosivos.
Toda la mal llamada
trama asturiana fue un montaje de la Policía.
ENGAÑADO
P.- Pero usted
participó con sus primeras declaraciones ante el juez
en engordar esa versión.
R.- Desde que me di
cuenta de que estaba detenido yo ya no hablé más de
Mowgli ni de nadie. No me pudieron sacar una declaración
de cómo era pues en el momento en que yo me vi
detenido oficialmente corté todo tipo de comunicación
con los agentes que me interrogaban. Luego siguieron
presionándome y acepté un pacto con el que iba a
quedar libre de cualquier cargo.
Fui tan ingenuo que me
creía dentro de un sistema de protección cuando ya
se había desvelado mi identidad por todos los medios
de comunicación del mundo. Para poner más en peligro
mi vida se difundió mi fotografía y se filtró a la
prensa que era confidente.
Para recordarme lo que
me podía pasar si cambiaba la primera versión que
había dado se detuvo a mi mujer en el mes de junio,
justo después de declarar de nuevo ante el juez para
desdecirme y desvelar la manipulación de la Policía.
El juez, la Policía y
el CNI han utilizado a mi mujer como forma de presión
para que yo aceptara ser el chivo expiatorio.
La realidad fue que mi
primera declaración, en la que decía que había
visto los explosivos, la hice dirigido y coaccionado
por la Policía.
P.- ¿Cómo consiguió
usted entrar en contacto con la banda de Mowgli?
R.- Fue Manolón quien
me pidió que me infiltrara en la banda de Mowgli.
Cada operación que he llevado a cabo sobre tráfico
de drogas y otros temas ha sido controlada por Manolón
y todos los implicados han acabado detenidos en
operaciones especiales. Manolón ha sido en cada
momento quien me ha fijado el objetivo a seguir y hay
que tener en cuenta que él ya se lo había comunicado
a los compañeros de estupefacientes de Oviedo.
Informé a Manolón
desde el día en que bajé a Madrid a traer un regalo
al hijo de un amigo, que un grupo me había ofrecido
una considerable cantidad de hachís.
Le aporté fotografías
de la primera operación con drogas, que fue
totalmente controlada por Manolón. Más tarde le di
los números de los teléfonos móviles y los números
de las placas de las matrículas de los coches que
utilizaban. Le di a Manolón también un carné de
identidad con la fotografía de Mowgli que, al
comprobarlo en comisaría, resultó que era falso. Y
tampoco lo detuvieron.
MANIPULACION
P.- ¿Le proporcionó
usted datos concretos por escrito?
R.- Manolón disponía
de una agenda con todos los datos que yo le había
proporcionado. Tardó meses en presentársela al juez
Del Olmo. Tuvo que ser requerido judicialmente para su
presentación. Entregó una fotocopia, no la original
a pesar de haber reconocido anteriormente que la tenía.
Faltaban páginas. Las
fotocopias habían sido manipuladas. Habían
desaparecido, por ejemplo, los números de teléfono
de Jamal Ahmidan y de Rafá Zouhier. Conservaba sin
embargo los números de Antonio Toro, Rubén Iglesias,
Javier González el Dinamita, Raúl González, Iván
Granados, etcétera. Eso quiere decir que conocían
los teléfonos de la mayor parte de los imputados por
el juez Del Olmo.
Manolón dice que
extravió la fotocopia del DNI falso de Jamal Ahmidan
que yo le había proporcionado. ¡Perdió nada más y
nada menos que el DNI que usaba Jamal con su fotografía,
uno de los cabecillas del atentado del 11-M!
También han
desaparecido las fotografías de Polaroid que facilité
en su día a Manolón sobre la operación de compra
venta de hachís. Han manipulado pruebas y ocultado
otras. Tenían datos y pruebas suficientes para que
Jamal Ahmidan fuese detenido bastante antes del 11-M.
La Policía no lo hizo
porque no quiso o porque no le interesó hacerlo. La
información sobre Jamal era muy extensa y fiable y ya
había sido comunicada a los superiores de Manolón en
Oviedo.
Tampoco hay explicación
alguna para que no lo detuvieran en Madrid, después
de los atentados, y mucho antes de que se suicidara.
El día 17 de marzo e incluso antes, cuando yo aún no
estaba detenido, me ofrecí para montar un operativo
para localizar a Jamal Ahmidan y detenerlo. No se
quiso hacer. Me decían que estaba todo controlado.
Dejaron que llegara al piso de Leganés y que todos
ellos cometieran el suicidio colectivo.
¿Por qué no querían
capturar vivo a Jamal Ahmidan? ¿Tiene algún sentido
que llevara meses denunciando las actividades ilícitas
de Jamal, que yo supiera que los tenían totalmente
controlados y que en esas circunstancias le
proporcionara explosivos? No hay nadie que pueda creérselo.
Todos los implicados
estaban bajo seguimientos personales y telefónicos
del CNI, la Udyco, la UCO, la Policía Nacional de
Oviedo y Avilés, además de la Guardia Civil de Gijón
y de Oviedo. Y ahora nos quieren responsabilizar a los
confidentes de su negligencia, incompetencia o
complicidad.
Los confidentes no
disponemos de los presupuestos del Estado que ellos
tienen, ni de los medios técnicos y materiales. No
tenemos traductores y ni tan siquiera gozamos de la
preparación adecuada. El confidente no es más que un
colaborador ciudadano. La obligación de perseguir los
delitos es de los funcionarios policiales.
No nos olvidemos que
determinados mandos de las Fuerzas y Cuerpos de
Seguridad son de la misma ideología que el PSOE, que
es el gran beneficiado de los atentados del 11-M.
Tampoco olvidemos que algún que otro mando policial
ha estado involucrado en la trama de los GAL. Por
ejemplo, el coronel Hernando, jefe de la UCO.
P.- ¿Cree que hubiera
sido útil que hubiese ido usted a declarar a la
Comisión sobre el 11-M?
R.- El PSOE y sus
aliados políticos han hecho que se cerrara la Comisión
del 11-M del Congreso en falso. No quieren saber lo
que ocurrió porque les puede acabar salpicando, igual
que ocurrió con los GAL. Por eso no quisieron que los
confidentes fuésemos a la Comisión pues temían que
contáramos estas cosas y que se supiera toda la
verdad. Alegaban que éramos delincuentes, siendo esto
totalmente falso. Carezco de antecedentes penales y no
he sido condenado por ningún delito.
Sin embargo, hay mandos
policiales que prestaron testimonio en la Comisión y
que están imputados por haber entregado dinero a las
mujeres de Amedo y Domínguez, responsables de los
GAL, como Hernando. O Rodolfo Ruiz, el responsable de
la comisaría de Vallecas que ha sido condenado por
detención ilegal y falsificación de documentos.
P.- ¿No ha quedado
constancia por escrito de sus informaciones?
R.- En noviembre de
2003 entregué, como ya he dicho, a Manolón una
agenda con todos los datos. Ya he comentado que Manolón
presentó ante el juez sólo parte de esta agenda, con
fotocopias manipuladas.
Ahora resulta que no
hay ni siquiera un informe interno sobre todos esos
datos. No se ha conservado copia del DNI de Mowgli,
las fotografías que yo aporté han desaparecido.
Insisto en que yo me
ofrecí a Manolón incluso a viajar en un coche
lanzadera en la caravana de Mowgli. Se me mandó
esperar y no intervenir asegurándome que los tenían
totalmente controlados.
ORDEN DE ESPERA
P.- ¿Informó
usted del viaje que hicieron los marroquíes a finales
de febrero de 2004 a Asturias, cuando presuntamente se
aprovisionaron de explosivos?
R.- Manolón conocía
desde el 27 de febrero por medio de una llamada que le
hice [Está acreditado que desde el teléfono de su
mujer se realizaron ese día llamadas a Manuel García
Rodríguez] y una posterior reunión que el día 28 de
febrero, que fue cuando subió Jamal Ahmidan a
Asturias, se iba a realizar un transporte de
sustancias ilícitas. Yo quería que los detuvieran,
pero se me dio la orden de esperar. ¡Me ofrecí a ser
el coche lanzadera y se me dijo que no, que estaba
todo bajo control! Di por hecho que la detención de
Jamal Ahmidan era cuestión de días.
El día 27, además de
avisar a Manolón del viaje de los moros a Asturias le
conté que al pasar por Madrid, en mi regreso del
viaje de novios, había localizado uno de los
domicilios de Mowgli, la finca de Morata de Tajuña.
Había ido con Mowgli allí el día 26 de febrero para
ver unas parcelas que vendía por el equivalente a un
millón de pesetas un amigo suyo que trabajaba en una
inmobiliaria.
Con todos estos datos
no fueron capaces de detenerlos antes del 11-M. El
policía Manolón ha mentido en sus declaraciones ante
la Comisión del Congreso y ante el juez Del Olmo. Ha
destruido pruebas y ha manipulado otras y así consta
en el sumario.
Ver la
segunda
parte de la entrevista